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Amigos de Enriquito

Se nos fue Loli Cáceres por D. Ángel Ruiz Quesada

Se nos fue Loli Cáceres por D. Ángel Ruiz Quesada

Estimada Loli, ni por asomo pensé que hoy domingo, 31 de enero del corriente 2010, me sentara al ordenador para escribirte un artículo por tu partida hacia la eternidad. ¡Qué curioso! cuando se lo comunicaba a uno de los amigos y le decía ¡Siempre se nos van los buenos!, él me tranquilizaba diciéndome: ¡Ángel, por supuesto que Dios se lleva siempre a los buenos!, los otros, se han de quedar aquí hasta que se regeneren. ¡Santa contesta!, pero humanamente, difícil de aceptar.

Más difícil en aceptarlo será para tu marido, el amigo Pepe Juan  González Mujica, (fiel representante de los Magos de Oriente, en su escenificación del personaje de Gaspar durante varios años en el Auto de los Reyes Magos de Ajódar).

¿Qué decir de tus cinco hijos? Ana, Elda, Pepe, Enrique y Manuel. Tengo la certeza, que todos ellos, por su juventud y por la preparación que han recibido de unos estupendos padres, sacarán fuerza de donde no la haya para acompañar a su padre en esta triste soledad que le espera.

A ti Tere, su única hermana, te tocó convertirte en la hija única y huérfana, de dos emblemáticos personajes: Enriquito Cáceres el yerbero y Fefita Quintana Luján, la artesana de  alpargatas de esparto. Con qué ilusión me regaló tu hermana Loli una preciosa fotografía de tu madre confeccionando alpargatas en el patio de tu casa para publicarla en uno de mis libros, ¡toda una institución!, haciendo honor a su descendencia del insigne imaginero y escultor Luján Pérez.

¡Cuántos preciosos ratos Loli, luchando juntos, tu familia y la mía por el cambio político en nuestra ciudad…por la libertad! ¡Cuántos escritos presentamos en contra de las injusticias que se pretendía hacer en el célebre Plan General Urbano de nuestra ciudad! ¡Cuánto te criticaron Loli, a ti y a toda tu familia por sostener un cartel anunciador de don Manuel Godoy junto a tu casa!, incluso, meses después de acabadas las elecciones,  manifestando públicamente toda tu familia los incomprendidos resultados en las urnas durante las mismas. Con toda seguridad, desde el cielo… Porque también en el cielo se habla de libertades… Se habla de libertades, porque Cristo fue nuestro primer libertador. Sé que nos echarás una buena mano para que los que continuamos aquí la consigamos.

Cuánto te mortificaste Loli, que por tu lucha se metieron incomprensiblemente contigo, con aquellas manifestaciones realizadas en una emisora local por un indigno que no merece siquiera que mencionemos su nombre, pero qué valiente respuesta la de tus hijos que calló a lenguas llenas de complejos, envidias y rencores.

Al igual que a ti no se te olvidaba, que una de mis hijas, Débora, portara las arras en tu matrimonio, A nosotros, mi mujer, y toda la familia de Bartolito el del Molino, no nos olvidaremos jamás, del precioso detalle que tanto tú como tu marido nos diste en la inauguración de su Paseo. Recordarás, que les pedimos un tostador prestado y no teníamos quien nos tostara el millo que queríamos repartir a todos los asistentes. Recordarás también, que nos tuvieron engañados durante toda la mañana diciéndonos que de Hoya de Pineda vendría un matrimonio a realizar esta labor. Cuando nos llevamos la agradable sorpresa de verles a ustedes dos ataviados con la vestimenta canaria y permanecieron durante todo el acto dándole el necesario sabor sentimental que necesitaba el mismo. Quizás, aquella vestimenta, sería la que ustedes, tú y tu novio Pepe Juan, lucieron el día de tu boda, en una carreta tirada por animales. Me atrevo a decir, que ustedes fueron los primeros de nuestra época que reivindicaron lo que ya hoy es costumbre en nuestras romerías.

Qué preciosa estampa nos ofrecían tú, tu hermana, tu padre, tu marido y todos tus hijos, todos los años en nuestros carnavales. Estampas inolvidables. Estampas que se convirtieron no solo en uno de los pregones anunciadores de dichas fiestas, sino también en temas a tratar en varias homilías de nuestro templo. Sin embargo, he de confesar, como católico que humildemente me precio, que en ningún momento me escandalicé. Es más, conservo preciosos reportajes fotográficos, donde se recogen el sano humor con qué  lo hacían, y me permito decir, hasta con respeto.

Mi sincero deseo Loli, es que desde el Cielo, nos ayudes a todo el comité organizador de las Jornadas de Medicina Popular que dignamente lleva el nombre de tu padre, Memorial Enriquito Cáceres, que nos ayudes… que nos ayudes para que no hagamos caso, a los pérfidos Herodes que nos encontremos en el camino, que continuemos celebrándolas durante todo los que nos quede de vida, y que se integren muchos jóvenes para  que tu padre, sirva de ejemplo a las nuevas generaciones.

Pero también te quiero pedir algo en especial, y es que ayudes a tu marido, que sabes que se lo merece por ser como es. ¡Cuánto echará de menos tus manos! ¡Cuánto amor Loli!, ¡Cuánto amor!

Te pido que le ayudes para que no pierda su afición a preservar nuestra identidad no sólo por medio de la tradición yerbera de tu padre, sino también por medio de la alfarería. Tú bien lo sabes porque constantemente le ayudabas y sabes que es un artista, un fiel defensor de nuestra alfarería popular… fiel defensor del Ídolo, no “el de Tara”, sino el que nos pertenece.

Que vuelva a encender de nuevo el horno, que vuelva a practicar la sabia enseñanza que solo él como muy pocos sabe transmitir a nuestros jóvenes para que no se pierda nuestra historia, y que, por justicia, sus obras sean colocadas en las vitrinas de nuestra cueva Pintada.

En tu recuerdo Loli ¡que Pepe Juan, vuelva… a encender el horno! Para que con sus llamas, sienta el calor de tus manos.

¡Muchas gracias por tu amistad!

Ángel Ruiz Quesada

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